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Prevención y Bienestar

Trastornos de la Memoria: Cuándo Preocuparse y Cuándo Consultar

20 de septiembre de 2026

¿Cuántas veces no ha buscado sus llaves o ha entrado a una habitación olvidando para qué? A casi todos nos pasa, y en la mayoría de los casos es completamente normal. Sin embargo, hay una línea entre el olvido cotidiano y una señal que merece ser evaluada por un especialista. Entender esa diferencia es el primer paso para cuidar la salud cerebral a cualquier edad, y especialmente después de los 60 años.

Olvidos normales del envejecimiento vs. señales de alarma

Con la edad es esperable que la memoria funcione distinto: cuesta un poco más recordar un nombre (aunque después aparece solo), a veces se pierden los lentes, o se necesita anotar una cita para no olvidarla. Estos cambios no interfieren de manera importante en la vida diaria ni en la independencia de la persona, y son parte normal de envejecer.

Distinto es cuando el olvido empieza a afectar el día a día. Algunas señales que ameritan una evaluación profesional:

  • Repetir la misma pregunta varias veces en poco tiempo.
  • Dificultad creciente para encontrar palabras comunes, o usar una palabra por otra.
  • Demorar mucho más de lo habitual en tareas que antes eran fáciles (pagar cuentas, cocinar una receta conocida).
  • Dejar objetos en lugares poco lógicos (por ejemplo, las llaves en el refrigerador).
  • Desorientarse en lugares conocidos.
  • Cambios de ánimo o de comportamiento que no tenían antes.

Esto se conoce como deterioro cognitivo leve: un nivel de olvido mayor al esperado para la edad, pero que aún permite a la persona valerse por sí misma. No siempre significa que haya una enfermedad neurodegenerativa detrás, pero sí es una señal de que conviene hacerse ver, porque en algunos casos puede ser una etapa temprana que se beneficia de seguimiento y manejo oportuno.

No todo olvido tiene que ver con demencia

Un punto importante —y que muchas veces tranquiliza a los pacientes y sus familias— es que existen causas de pérdida de memoria que son tratables y, en muchos casos, reversibles:

  • Efectos secundarios de ciertos medicamentos.
  • Problemas de tiroides, riñón o hígado.
  • Déficit de vitamina B12.
  • Depresión y ansiedad.
  • Trastornos del sueño.
  • Consumo excesivo de alcohol.
  • Estrés por cambios importantes en la vida (jubilación, duelo, mudanza).

Por eso la evaluación profesional es tan importante: permite descartar estas causas tratables antes de sacar cualquier otra conclusión, y en muchos casos la memoria mejora una vez que se trata la causa de fondo.

Hábitos que ayudan a cuidar la memoria

Mientras se hace la evaluación, o simplemente como prevención, hay hábitos respaldados por evidencia que ayudan a mantener la salud cerebral:

  • Mantener rutinas y usar apoyos como calendarios o listas.
  • Aprender cosas nuevas y mantenerse mentalmente activo.
  • Dormir entre 7 y 8 horas por noche.
  • Hacer actividad física regular.
  • Mantener vida social activa (familia, amigos, voluntariado).
  • Controlar la presión arterial y limitar el alcohol.
  • Buscar tratamiento si hay síntomas de depresión.

Si ya se ha diagnosticado deterioro cognitivo leve, se recomienda un control médico cada 6 a 12 meses para hacer seguimiento de la evolución, ya que actualmente no existe un tratamiento único, pero sí se puede acompañar y actuar a tiempo.

Cuándo consultar

Si usted o alguien de su familia ha notado cambios en la memoria que van más allá del olvido ocasional —y que empiezan a afectar la vida diaria—, lo recomendable es consultar. En el adulto mayor, un buen punto de partida es el médico general o geriatra, quien conoce el cuadro de salud completo de la persona. Pero cuando la memoria es el problema específico, es la neurología la especialidad que hace el estudio y el seguimiento —de la misma forma en que un problema cardiovascular se deriva a cardiología. Una evaluación a tiempo permite descartar causas tratables, entender qué está pasando y definir los próximos pasos con tranquilidad.

Este artículo tiene fines educativos y no reemplaza una evaluación médica. Ante cualquier duda sobre cambios en la memoria propia o de un familiar, consulte a un especialista.

Fuentes consultadas:


Revisado por: Dr. Marcelo De Giorgis – Neurólogo, Thalamus Instituto Neurológico.

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